Eficacia del Acoramidis a largo plazo en cardiopatía amiloidótica transtiretina: Extensión abierta del estudio ATTRibute-CM
- Dr. Pablo Pereira Garcia
- abril 14, 2026
- Consejo Cardiomiopatías y Enfermedades del Pericardio, Editoriales
- acoramidis, amiloidosis, Consejo Miocardiopatías y enfermedades del pericardio, Pablo Pereira Garcia
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La miocardiopatía por amiloidosis por transtiretina (ATTR-CM) es una enfermedad sistémica en la que la proteína transtiretina (TTR) se desestabiliza, sufre un plegamiento anómalo y se deposita en forma de amiloide en el espacio extracelular del miocardio. Este proceso conduce a una fisiopatología restrictiva, caracterizada por insuficiencia cardíaca progresiva, hospitalizaciones recurrentes, deterioro de la calidad de vida y muerte prematura. Acoramidis es un estabilizador de alta afinidad que emula la variante genética protectora T119M, logrando una estabilización cercana al 90% de la TTR circulante (sTTR), con el objetivo de frenar la cascada de formación de fibrillas amiloides.
Eficacia a largo plazo
El presente análisis reporta un seguimiento total de 54 meses en pacientes previamente incluidos en el ensayo ATTRibute-CM (30 meses), seguido de una fase de extensión abierta de 24 meses. Se definieron dos estrategias terapéuticas: una rama continua, en la que los pacientes recibieron acoramidis desde el inicio, y una rama tardía, en la que los pacientes recibieron placebo durante los primeros 30 meses y posteriormente iniciaron acoramidis.
La mortalidad por todas las causas fue del 26,2% en la rama continua frente al 43,6% en la rama tardía (HR 0,55), lo que representa una reducción relativa del 45%.
La mortalidad cardiovascular fue del 18,6% versus 33,7%, respectivamente (HR 0,51), con una reducción relativa del 49%.
La primera hospitalización por causa cardiovascular ocurrió en el 35,2% de los pacientes en la rama continua frente al 56,9% en la rama tardía (HR 0,53), con una reducción relativa del 47%. En relación con biomarcadores de progresión, el NT-proBNP mostró un incremento mínimo en la rama continua (57 pg/mL) en comparación con la rama tardía (1.261 pg/mL). La calidad de vida, evaluada mediante el KCCQ-OS, disminuyó 4,8 puntos en la rama continua frente a 12,5 puntos en la rama tardía. La capacidad funcional, medida por la prueba de marcha de 6 minutos, evidenció que, si bien el grupo tardío partía de una peor condición basal, tras el inicio del tratamiento logró enlentecer el deterioro funcional.
Seguridad a largo plazo
Los eventos adversos graves ocurrieron en el 47,9% de los pacientes en la rama continua y en el 59,5% en la rama tardía. Las discontinuaciones por eventos adversos fueron aproximadamente del 2,5% en ambos grupos, lo que constituye una tasa baja. La mortalidad durante la fase de extensión fue del 10,3% en la rama continua frente al 30,2% en la rama tardía, en línea con los hallazgos de eficacia. En conjunto, acoramidis demuestra un perfil de seguridad y tolerabilidad favorable a muy largo plazo.
Fortalezas y limitaciones
Entre las fortalezas del estudio se destaca la duración prolongada del seguimiento (54 meses), poco frecuente en esta entidad, así como un diseño que permite evaluar el impacto del inicio temprano frente al diferido del tratamiento. El análisis se centra en desenlaces clínicamente relevantes (mortalidad y hospitalizaciones) e incorpora dimensiones críticas como calidad de vida y capacidad funcional. Asimismo, el beneficio fue consistente en todos los subgrupos analizados, incluyendo formas wild-type y variantes genéticas, ambos sexos y todas las clases funcionales de la NYHA.
Sin embargo, deben considerarse limitaciones metodológicas. Existe un potencial sesgo de supervivencia, dado que los pacientes de la rama tardía presentaban un peor estado basal (62,7% en clase NYHA I/II frente a 82,1% en la rama continua, y 38% en clase III/IV frente a 18%, respectivamente). El carácter abierto del estudio introduce la posibilidad de sesgos en la evaluación de calidad de vida, en la prueba de marcha y en la indicación de hospitalización. Adicionalmente, hubo heterogeneidad en el tratamiento de base de la insuficiencia cardíaca: el grupo tardío recibió con mayor frecuencia inhibidores de SGLT2, antagonistas de mineralocorticoides y tafamidis previo, lo que podría haber atenuado las diferencias observadas. En este contexto, la magnitud del beneficio de acoramidis podría estar subestimada.
En conjunto, la población analizada resulta representativa del paciente con ATTR-CM en la práctica clínica contemporánea. La principal fortaleza radica en la consistencia del beneficio clínico y la solidez de los datos de seguimiento, mientras que las limitaciones exigen una interpretación prudente de la magnitud del efecto, particularmente en el inicio tardío del tratamiento.
Conclusiones
Acoramidis modifica la historia natural de la ATTR-CM, especialmente cuando se inicia en fases tempranas de la enfermedad. Un retraso de 30 meses en el inicio del tratamiento se asocia con un incremento del 45% en la mortalidad y con un deterioro funcional potencialmente irreversible, lo que refuerza el impacto crítico del tiempo terapéutico en esta entidad. La estabilización casi completa de la sTTR se traduce en una modificación significativa de la trayectoria del estrés parietal miocárdico, con correlato clínico en la reducción de eventos duros y en la preservación de la capacidad funcional y la calidad de vida.
El fármaco demuestra un perfil de seguridad y tolerabilidad favorable a largo plazo, con eficacia consistente a lo largo de todo el espectro de la enfermedad. En este contexto, el manejo de la ATTR-CM exige un cambio de paradigma basado en el diagnóstico precoz y el inicio inmediato del tratamiento. La evidencia disponible posiciona a acoramidis como un nuevo estándar de cuidado, con el potencial de redefinir el pronóstico y las expectativas clínicas en estos pacientes.


