HIIT versus MICT en insuficiencia cardíaca: intensidad, estructura y significado clínico

Más allá del entusiasmo por la alta intensidad

En este número, Chen y colaboradores¹ presentan un metaanálisis que compara el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) con el entrenamiento continuo de intensidad moderada (MICT) en pacientes con insuficiencia cardíaca. A partir de 15 ensayos clínicos aleatorizados que incluyeron 553 pacientes, los autores informan una mejora significativamente mayor del VO₂ pico con HIIT, particularmente en aquellos con fracción de eyección reducida sometidos a protocolos largos y de alto volumen.

En las últimas dos décadas, el HIIT ha evolucionado desde una estrategia experimental hacia una alternativa terapéutica que desafía el paradigma tradicional del entrenamiento continuo moderado²–⁴. El debate ha dejado de centrarse exclusivamente en la seguridad del ejercicio para orientarse hacia la optimización del estímulo fisiológico.

La magnitud del efecto observada —1,49 mL/kg/min de incremento medio en VO₂ pico (p < 0,001)— no es meramente estadística. Se ha demostrado que cada aumento de 1 mL/kg/min se asocia con una reducción aproximada del 7% en la mortalidad por todas las causas y del 8% en la mortalidad cardiovascular en pacientes con insuficiencia cardíaca⁵,⁶. En este contexto, la diferencia reportada podría traducirse en una mejora pronóstica clínicamente relevante.

No obstante, la interpretación de estos resultados requiere matices.

Intensidad, estructura y “dosis” de ejercicio

Una cuestión conceptual central radica en la naturaleza de la comparación. En la mayoría de los estudios incluidos, el HIIT alcanzó intensidades del 85–95% del VO₂ pico, mientras que el MICT se mantuvo en rangos del 40–60%. Esta discrepancia sugiere que la comparación podría reflejar más bien “alta versus moderada intensidad” que “intervalado versus continuo”.

El principio fisiológico de sobrecarga establece que la magnitud de la adaptación depende de la intensidad del estímulo⁷. En la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida (HFrEF), donde la limitación funcional está estrechamente ligada a la disfunción sistólica y al compromiso del gasto cardíaco, la exposición repetida a demandas hemodinámicas elevadas puede inducir remodelado ventricular favorable y mejorar el volumen sistólico⁸,⁹. Sin embargo, tales adaptaciones podrían derivarse del estímulo intenso en sí mismo, independientemente de su estructura intermitente.

En este sentido, el concepto de “dosis” de ejercicio adquiere especial relevancia. El tiempo acumulado cercano al VO₂ pico, la carga interna total y la exposición repetida a intensidades elevadas podrían constituir determinantes más relevantes que el formato interválico per se. Sin una equiparación rigurosa de estas variables, atribuir la superioridad al patrón interválico resulta metodológicamente complejo.

La heterogeneidad estadística observada (I² = 66%) probablemente refleja, al menos en parte, esta variabilidad estructural en duración de intervalos, volumen total y diseño de los protocolos. 

Indicadores funcionales y desenlaces clínicos

El metaanálisis se centró predominantemente en variables funcionales con reconocido valor pronóstico, pero no evaluó diferencias en mortalidad, hospitalizaciones o eventos cardiovasculares mayores. La mejora del VO₂ pico constituye un objetivo terapéutico legítimo y con sustento epidemiológico; sin embargo, la confirmación de un impacto diferencial en desenlaces clínicos duros requerirá estudios de mayor duración y potencia estadística¹⁰.

Esta distinción no minimiza el hallazgo, sino que lo sitúa en su justa dimensión dentro del continuo que va desde la adaptación fisiológica hasta la modificación efectiva del riesgo clínico.

Fenotipo clínico y contexto terapéutico

La superioridad observada fue más consistente en pacientes con fracción de eyección reducida que en aquellos con fracción preservada, lo que subraya la importancia del fenotipo fisiopatológico. En la insuficiencia cardíaca con fracción preservada (HFpEF), donde la limitación al ejercicio suele relacionarse con disfunción diastólica, incompetencia cronotrópica y alteraciones periféricas¹¹, el incremento de intensidad podría no modificar el determinante principal del rendimiento funcional.

Asimismo, la heterogeneidad en la optimización farmacológica merece consideración. El uso de betabloqueantes y otros agentes con efecto cronotrópico puede modular la respuesta al ejercicio, limitar la frecuencia cardíaca máxima alcanzable y alterar tanto la percepción del esfuerzo como la capacidad de sostener intensidades elevadas. La interacción entre tratamiento médico, intensidad del entrenamiento y fenotipo clínico representa un eje de análisis aún insuficientemente explorado.

Hacia una agenda de investigación más robusta

Precisamente estas áreas de incertidumbre delinean con claridad las prioridades para futuras investigaciones. Si bien el metaanálisis de Chen y colaboradores aporta una síntesis valiosa, la consolidación definitiva de la evidencia requerirá ensayos de mayor escala y diseño metodológico más homogéneo.

Estudios multicéntricos con tamaños muestrales amplios permitirían mejorar la validez externa y reducir la variabilidad observada. De igual manera, una representación más equilibrada por sexo resulta indispensable para garantizar la aplicabilidad de los hallazgos en mujeres con insuficiencia cardíaca, históricamente subrepresentadas en los programas de rehabilitación cardiovascular.

Desde el punto de vista metodológico, será crucial equiparar de manera estricta la “dosis” de ejercicio —incluyendo el tiempo acumulado cercano al VO₂ pico y la carga interna total— así como documentar sistemáticamente la optimización farmacológica. Solo mediante este control será posible discernir si el beneficio observado deriva del formato interválico o del estímulo fisiológico alcanzado.

Finalmente, la evaluación de desenlaces clínicos mayores con seguimiento a mediano y largo plazo permitirá determinar si las mejoras funcionales se traducen en reducciones sostenidas de mortalidad y hospitalizaciones.

Hacia una interpretación madura de la evidencia

La cuestión contemporánea no parece ser si el HIIT es intrínsecamente superior al MICT en términos absolutos, sino qué combinación de intensidad, volumen, estructura y contexto terapéutico optimiza el beneficio clínico sostenible para un perfil específico de paciente.

En rehabilitación cardiovascular, donde la individualización constituye un principio rector, la prudencia interpretativa no expresa escepticismo, sino madurez científica. La innovación terapéutica requiere entusiasmo; su consolidación, en cambio, exige método, escala y tiempo.

 

Autoras:

Dra. Gabriela Fajardo (Uruguay) y la Dra. Melanie Banquerque (Uruguay)

 

Referencias

  1. Chen X, et al. High-Intensity Interval Training Programs Versus Moderate-Intensity Continuous Training for Individuals With Heart Failure: A Systematic Review and Meta-analysis. Arch Phys Med Rehabil. 2025;XXX:XXX–XXX.
  2. Wisloff U, Stoylen A, Loennechen JP, Bruvold M, Rognmo O, Haram PM, et al. Superior cardiovascular effect of aerobic interval training versus moderate continuous training in heart failure patients: a randomized study. Circulation. 2007;115(24):3086–94.
  3. Rognmo O, Hetland E, Helgerud J, Hoff J, Slordahl SA. High intensity aerobic interval exercise is superior to moderate intensity exercise for increasing aerobic capacity in patients with coronary artery disease. Eur J Cardiovasc Prev Rehabil. 2004;11(3):216–22.
  4. Weston KS, Wisloff U, Coombes JS. High-intensity interval training in patients with lifestyle-induced cardiometabolic disease: a systematic review and meta-analysis. Br J Sports Med. 2014;48(16):1227–34.
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